| Los
experots nos dicen más
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"El ciclo solar", cuya duración media es de once años pero que puede variar de 9 a 14 años, es un fenómeno vinculado a la frecuencia de aparición de las manchas solares. Estas manchas, debidas a la presencia de fuertes campos magnéticos, son regiones un poco más frías que el resto de la superficie del astro. Las manchas evolucionan en algunos días. Pueden dar nacimiento a erupciones solares donde las más intensas, de una duración de algunas horas, perturban el medio ambiente espacial de la Tierra. Numerosos efectos son desencadenados por las erupciones: perturbaciones de las telecomunicaciones, de los sistemas de localización como el GPS, de la orientación y el funcionamiento de los satélites. Los protones de origen solar acelerados en una erupción inducen dosis que se añaden a las debidas a los rayos cósmicos procedente de la Galaxia. Una vigilancia de los vuelos espaciales habitados es necesaria. Existe a bordo de la Estación Internacional y lo será más aún cuando se preverán algunos vuelos habitados hacia la Luna o hacia Marte. Los aviones se protegen mejor gracias a la atmósfera terrestre, pero las más grandes erupciones pueden detectarse a esas altitudes . La previsión de las erupciones algunos días de antemano son una práctica corriente, pero no se puede actualmente decir en qué medida sus protones serán suficientemente energéticos para dar efectos notables a la altitud de los aviones. Por término medio una erupción al año es detectable en avión por dosímetros o, en el suelo, por los"monitores de neutrones "que permiten seguir el flujo de las partículas sin interrupción." De los últimos cinquenta años, dieciséis dieron notables dosis a bordo de los aviones. Entre ellas, dos solamente son singulares: una, en septiembre de 1989, que representó el equivalente de un mes de radiación cósmica y otra en febrero de 1956 que, según los cálculos más pesimistas, habría podido equivaler a un año de esta misma radiación. Cuando el ciclo solar esta a su máximo, como en el año 2000, las manchas son más frecuentes y por consiguiente, las erupciones lo son también. Pero contrariamente, debido a la actividad solar, los rayos cósmicos de origen galáctico tienen más dificultad para propagarse en el sistema solar. A bordo de un avión, la dosis recibida a causa de la radiación cósmica se disminuye entonces de 30 a 50 %. "
Ejemplo de observación de erupción solar del 15 de abril de 2001
Medida
de las partículas secundarias recibidas en el suelo en las regiones
polares, en la erupción solar del 15 de abril de 2001. el eje vertical
indica el aumento con relación al nivel de la radiación
cósmica antes de la erupción. Se tendrá en cuenta
que la aumentación del flujo de partículas es rápida:
aquí tuvo lugar en menos de una hora. Fuente:
IPEV y Observatorio de París
Incidencia
de los cánceres consecutivos Estas
cifras dan los valores de la mortalidad por cáncer tras los bombardeos
de Hiroshima y Nagasaki. Las cifras calificadas "de observadores"
corresponden al número de cánceres efectivamente observados
en la población expuesta. Las cifras calificadas "de esperados"
corresponden al número de cánceres en una población
comparable a la población de las ciudades japonesas, pero no irradiada.
Hay que señalar que las 200,000 víctimas inmediatas murieron
esencialmente de los efectos mecánicos y térmicos de las
explosiones. Fuente: IRSN
A muy fuerte dosis, los daños sobre el ADN son tales que las células se mueren. La gravedad de los efectos depende directamente de la dosis y va desde desordenes transitorios a síndromes graves o mortales. En cambio, para las dosis más escasas que nos interesan aquí, las células pueden reparar el ADN y restaurar la integralidad del mensaje genético. Pero puede suceder que cometan errores, transfieran y se vuelvan cancerosas (todos los cambios no conducen al cáncer, por supuesto). Son efectos aleatorios: cuanto más células afectadas hay, mayor es la probabilidad que una entre ellas sea la causa de un cáncer varios años más tarde. Es pues la probabilidad de aparición de los efectos que aumenta con la dosis. Sin embargo si un cáncer ocurre, su gravedad es independiente de la dosis. Los efectos estrictamente médicos no tienen nada de específico: los cánceres radio inducidos no son diferentes de los otros. Simplemente, el ADN es más vulnerable durante su duplicación, los tejidos u órganos cuyas células se dividen activamente son los más sensibles. Se observan leucemias (debidas a los ataques de la médula ósea), y cánceres del pulmón, el colon o el estómago. El seno, en la mujer, y la tiroides, en los niños, son también muy sensibles. Si un gameto afectado sufre un cambio y participa en una fecundación, la anomalía genética se transmitirá al embrión. Así se observaron efectos genéticos sobre la descendencia de animales, pero nunca en el hombre, incluso entre los supervivientes de los bombardeos atómicos (Hiroshima y Nagasaki) y de accidentes (Chernóbil). El riesgo, si existe, es muy escaso.
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