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Pierre Lantos (Astrofísico en el
Observatorio de Paris-Meudon)
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Pierre Lantos (Astrofísico en el Observatorio de Paris-Meudon)
- El "ciclo solar" y su influencia sobre la Tierra
"El ciclo solar", cuya duración media es de once años
pero que puede variar de 9 a 14 años, es un fenómeno vinculado
a la frecuencia de aparición de las manchas solares. Estas manchas,
debidas a la presencia de fuertes campos magnéticos, son regiones
un poco más frías que el resto de la superficie del astro.
Las manchas evolucionan en algunos días. Pueden dar nacimiento a
erupciones solares donde las más intensas, de una duración
de algunas horas, perturban el medio ambiente espacial de la Tierra.
Numerosos efectos son desencadenados por las erupciones: perturbaciones
de las telecomunicaciones, de los sistemas de localización como el
GPS, de la orientación y el funcionamiento de los satélites.
Los protones de origen solar acelerados en una erupción inducen dosis
que se añaden a las debidas a los rayos cósmicos procedente
de la Galaxia. Una vigilancia de los vuelos espaciales habitados es necesaria.
Existe a bordo de la Estación Internacional y lo será más
aún cuando se preverán algunos vuelos habitados hacia la Luna
o hacia Marte. Los aviones se protegen mejor gracias a la atmósfera
terrestre, pero las más grandes erupciones pueden detectarse a esas
altitudes . La previsión de las erupciones algunos días de
antemano son una práctica corriente, pero no se puede actualmente
decir en qué medida sus protones serán suficientemente energéticos
para dar efectos notables a la altitud de los aviones.
Por término medio una erupción al año es detectable
en avión por dosímetros o, en el suelo, por los"monitores
de neutrones "que permiten seguir el flujo de las partículas
sin interrupción." De los últimos cinquenta años,
dieciséis dieron notables dosis a bordo de los aviones. Entre ellas,
dos solamente son singulares: una, en septiembre de 1989, que representó
el equivalente de un mes de radiación cósmica y otra en febrero
de 1956 que, según los cálculos más pesimistas, habría
podido equivaler a un año de esta misma radiación.
Cuando el ciclo solar esta a su máximo, como en el año 2000,
las manchas son más frecuentes y por consiguiente, las erupciones
lo son también. Pero contrariamente, debido a la actividad solar,
los rayos cósmicos de origen galáctico tienen más dificultad
para propagarse en el sistema solar. A bordo de un avión, la dosis
recibida a causa de la radiación cósmica se disminuye entonces
de 30 a 50 %. "
- Los medios de observación
"La actividad solar es observada permanentemente por estaciones en
el suelo (en el ámbito visible y en radioastronomía) y por
satélites (como el satélite europeo SOHO)." La radiación
cósmica y las erupciones importantes para las dosis recibidas a
bordo de aviones son supervisadas por una red mundial de "monitores
de neutrones". Existen unos cincuenta en el mundo.
El Instituto
francés para la investigación y la tecnología polar de Brest (IPEV)
posee dos: uno en las islas Kerguelen (Océano Índico) y
otro en la Tierra Adelia (la Antártida), que proporcionan cada
día, gracias a una conexión informática por satélite,
los datos necesarios para el sistema S.I.E.V.E.R.T. Un valor del flujo
de partículas se registra cada minuto, permitiendo así seguir
de una manera detallada la evolución de las erupciones. "
Para
saber más...
Ejemplo de observación de erupción solar del 15 de abril de 2001
ITW Margot Tirmarche (especialista en epidemología en el IRSN)
- ¿Porqué recurrir a la epidemología para evaluar
los efectos de la radiactividad sobre la salud?
Si se
excluyen las irradiaciones
a dosis muy elevadas, que desencadenan desde luego síndromes conocidos
en las horas o días que siguen, las radiaciones
ionizantes tienen efectos aleatorios a largo plazo, principalmente
el cáncer. Es imposible afirmar a priori que una irradiaciones
tendrá consecuencias a largo plazo sobre una persona, a lo sumo
puede hablar de probabilidad de aparición de patologías.
Los estudios epidemológicos a largo plazo constituyen la única
manera de evaluar esta probabilidad, determinando la frecuencia de aparición
de patologías en poblaciones expuestas. Son también los
únicos estudios referentes a poblaciones humanas en condiciones
reales, y no sobre culturas de células o animales en laboratorio.
Estos estudios presentan sin embargo límites. En primer lugar,
no hay cáncer específico debido a las radiaciones: hasta
ahora, no se puede distinguir un cáncer radio inducido de los debidos
a cualquier otra causa. Se reduce entonces a buscar un posible aumento
de la frecuencia de los cánceres, en la población expuesta,
comparativamente a una población de referencia, no expuesta. Para
las dosis pequeñas, esta aumentación es difícil de
evidenciar, debido a la multiplicidad de otros factores que pueden intervenir
en la aparición de la patología.
Incidencia de los cánceres consecutivos
a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki
Estas cifras dan los valores de la mortalidad por cáncer tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Las cifras calificadas "de observadores" corresponden al número de cánceres efectivamente observados en la población expuesta. Las cifras calificadas "de esperados" corresponden al número de cánceres en una población comparable a la población de las ciudades japonesas, pero no irradiada. Hay que señalar que las 200,000 víctimas inmediatas murieron esencialmente de los efectos mecánicos y térmicos de las explosiones.
- ¿Cuáles son las principales enseñanzas?
Ce
Son los
estudios referentes a los supervivientes de los bombardeos de Hiroshima
y Nagasaki y algunos estudios de las poblaciones expuestos en el medio
profesional, como, por ejemplo, los mineros de uranio, que nos aportan
la mayoría de la información sobre los riesgos de cánceres
radio inducidos.
En Japón, la reconstitución de las dosis individuales recibidas
en las explosiones atómicas conduce a valores que varían
más entre 0 y 3 Gray (media 0,2 Gy) en una sola vez. Con relación
a una población comparable pero no irradiada, se observó
un exceso de 87 leucemias, (o sea un aumento de frecuencia de 40 %), así
como 334 cánceres sólidos (4 %) para las 86.500 personas
supervisadas, en relación a los pulmones, el estómago, el
colon, el esófago, la vejiga y el seno en las mujeres. Existe una
relación lineal entre la dosis recibida (considerada) y la probabilidad
de aparición de un cáncer, confirmada por el estudio sobre
los mineros de uranio (cáncer de pulmón debido al radón).
- ¿Hemos realizado tales estudios sobre el personal navegante
de aviones comerciales?
Sí,
pero se referían a un número reducido de personal , y los
estudios tenían evidentes límites metodológicos,
podría ser debido a la dificultad de reconstituir la dosis recibida
por una persona durante su carrera. Es necesario recordar que el personal
navegante recibe al año por término medio algunos millisieverts
(además de la radiactividad
natural). A esta dosis, los riesgos suplementarios de aparición
de un cáncer, si existen, son muy escasos, por lo tanto extremadamente
difíciles a detectar.
Varios estudios europeos se realizan actualmente con el fin de poner en
evidencia un posible riesgo de cáncer que puede estar relacionado
con la exposición profesional del personal navegante.
Laurence Lebaron (médico en el IRSN)
- ¿Cómo las radiaciones actúan sobre el organismo?
A muy fuerte
dosis, los daños sobre el ADN son tales que las células se
mueren. La gravedad de los efectos depende directamente de la dosis y va
desde desordenes transitorios a síndromes graves o mortales.
En cambio, para las dosis más escasas que nos interesan aquí,
las células pueden reparar el ADN y restaurar la integralidad del
mensaje genético. Pero puede suceder que cometan errores, transfieran
y se vuelvan cancerosas (todos los cambios no conducen al cáncer,
por supuesto). Son efectos aleatorios: cuanto más células
afectadas hay, mayor es la probabilidad que una entre ellas sea la causa
de un cáncer varios años más tarde. Es pues la probabilidad
de aparición de los efectos que aumenta con la dosis. Sin embargo
si un cáncer ocurre, su gravedad es independiente de la dosis.
Los efectos estrictamente médicos no tienen nada de específico:
los cánceres radio inducidos no son diferentes de los otros. Simplemente,
el ADN es más vulnerable durante su duplicación, los tejidos
u órganos cuyas células se dividen activamente son los más
sensibles. Se observan leucemias (debidas a los ataques de la médula
ósea), y cánceres del pulmón, el colon o el estómago.
El seno, en la mujer, y la tiroides, en los niños, son también
muy sensibles.
Si un gameto afectado sufre un cambio y participa en una fecundación,
la anomalía genética se transmitirá al embrión.
Así se observaron efectos genéticos sobre la descendencia
de animales, pero nunca en el hombre, incluso entre los supervivientes de
los bombardeos atómicos (Hiroshima y Nagasaki) y de accidentes (Chernóbil).
El riesgo, si existe, es muy escaso.

