Los efectosde la
radiación en
la salud
Caso de una exposición que conduce a la aparición
de efectos agudos
Caso de una exposición que conduce a la aparición de efectos diferidos
Los efectos de la
radiación en
la salud
|
|
![]() |
![]() |
Los daños causados por las radiaciones ionizantes dependen de la cantidad de energía depositada por las radiaciones en las células de cada órgano o tejido del cuerpo humano (dosis de irradiación). Para una misma cantidad de energía absorbida (dosis expresada en Gray, Gy), los daños varían en función de la naturaleza de la radiación y el órgano alcanzado. Son de dos tipos: los efectos agudos y los efectos diferidos.
Caso
de una exposición que conduce
a la aparición de efectos agudos
A fuertes dosis recibidas sobre una corta duración, las radiaciones
ionizantes conducen a la destrucción masiva de las células
de los órganos expuestos y pueden inducir efectos sanitarios
observables más o menos a corto término (algunas horas
o algunos meses según la dosis y el órgano afectado).
Se habla de efectos "agudos" (o efectos "deterministas").
Se trata por ejemplo de quemaduras de la piel (radiodermatitis), vómitos
o destrucciones de la médula ósea o la mucosa intestinal
pudiendo conducir a la muerte de la persona expuesta. Estos efectos
resultan a partir de una dosis-límite, variable según
el tejido o el órgano (del orden de 1 a varios grays), y son
tanto más severos cuando la dosis es elevada.
De manera general, las dosis recibidas, tanto por los trabajadores
como por el público, en el ejercicio normal de una actividad
que aplica radiaciones
ionizantes no pueden implicar efectos agudos. Tales efectos sólo
se observan tras exposiciones accidentales (accidentes en una instalación,
manipulación intempestiva de una fuente radioactiva de fuerte
actividad) o exposiciones voluntarias de pacientes con fines terapeúticos
(radioterapia).
Caso
de una exposición que conduce a la aparición
de efectos diferidos
Las radiaciones
ionizantes pueden también inducir transformaciones de las
células que, varios años después de la exposición
pueden generar en la población expuesta enfermedades como la
leucemia y distintos cánceres (de tiroides, las vías
digestivas, el pulmón, etc).
Se habla entonces de efectos "estocásticos"; estos
efectos se difieren en el tiempo. Estas patologías tienen causas
múltiples y no existe medio biológico que permite diferenciar,
por ejemplo, un cáncer de pulmón debido al tabaco de
un cáncer de pulmón inducido por las radiaciones
ionizantes. Tomando en cuenta esta particularidad y debido a que
el riesgo de aparición de este tipo de efectos es escaso con
relación a la frecuencia natural de los cánceres en
la población, solo se puede poner en evidencia al realizar
estudios epidemológicos en poblaciones, al personal expuesto,
significativamente a las radiaciones
ionizantes (ejemplo: estudio epidemológico sobre los supervivientes
expuestos a los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki, Japón,
1946). Tales estudios ponen de manifiesto que la dosis de irradiación
tiene una influencia sobre la frecuencia de la aparición de
estas patologías, pero no tiene sobre la gravedad de éstas.
Exposición a las pequeñas dosis
Por lo que se refiere a las pequeñas dosis, extendidas en el tiempo y situándose en la gama de algunos millonésimos de sievert (llamados microsieverts y tenidos en cuenta µSv), o incluso algunos millisieverts, los efectos, si existen, son tan escasos que sería muy difícil, o incluso imposible de ponerlos de relieve por estudios epidemológicos. Eso requeriría un estudio internacional que agrupa del orden de varias decenas de millares de personas, que suponiendo que el seguimiento de esta población sea posible sobre su vida entera. En la actualidad, no es posible concluir en cuanto a la existencia o no de un límite máximo de dosis por debajo del cual no existiría más efecto vinculado a la exposición a las radiaciones ionizantes. En la óptica de gestión del riesgo y protección, por prudencia, existe un consenso internacional para considerar que toda exposición a las radiaciones ionizantes, cualquiera que sea su nivel, puede inducir un efecto, incluso pequeño, a escala de una población. Para las exposiciones a las pequeñas dosis, para las cuales un riesgo real no pudo ni probarse ni invalidarse, la probabilidad de desarrollar efectos estocásticos, por convenio, se considera como proporcional a la dosis recibida. La cuantificación de la relación entre la dosis y el efecto, en este contexto, es establecida por extrapolación de lo que se observa a más fuertes dosis.

